Santa Clara de Asís

Mateo 11, 25-30

Evangelio según san Mateo (16,24-28)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Cuenta 19 años cuando Francisco de Asís la recibe en la iglesita de la porciuncula. Ella, Clara de Asís, también se enamoró de la Dama Pobreza y junto a Francisco vivieron con tal desapego a las cosas que fueron libres como los lirios del campo pues descubrieron que nada les pertenece.
Ellos entendieron que cuanto más llenos estemos de nosotros mismos, en peores condiciones estaremos de acoger a Dios.
Clara y Francisco eligieron la pobreza porque es el medio que eligió primeramente el Señor Jesús para hacernos conocer su amor y el del Padre sin posibilidad de equívocos.
Y esto gusta a Dios, le place a Dios confiar sus tesoros a quienes no se consideran con derecho a recibirlos, a quienes no parecen ser especialmente idóneos para esta tarea.
Así, Clara nada retiene en sus manos, nada que aquí fenece. Ella pobre en la cruz de abrazo con Cristo que padece.
Clara sigue a Cristo donde quiera que vaya, del pesebre al calvario con Cristo está.
Nada de lo que fluye en este mundo de ambiciones y apariencia su párpado estremece.
Clara mira y escucha al verbo que acontece. Clara mira al espejo del rostro de Jesús. Clara lo va imitando hasta abrazarlo en la cruz.
Clara no necesita adueñarse de diamantes porque se ha revestido de claridad radiante, se ha despojado de la gloria terrenal para vestir las joyas que su Señor les da.
Con sus hermanas en San Damian vivió este amor a Cristo pobre y lo irradió por encima de los muros del monasterio.
Fue la primera mujer en la historia de la Iglesia en escribir una Regla de vida, texto de excepcional valor para conocer la experiencia de fe y de amor de la "plantita de Francisco".
¡Felicidades a toda la Familia franciscana especialmente a todas las hermanas clarisas esparcidas por el mundo derramando la suave fragancia del amor vivido en fraternidad!
¡Felicidades hermanas!
¡Paz y Bien!

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