Si el grano de trigo no muere

Hoy, Sábado Santo, es el día más vacío, más silencioso porque el amor ha sido enterrado y si calla el amor, todas nuestras voces no son más que ruidos. Menos mal que la muerte no es la última palabra, porque si el amor no hubiese muerto del todo, no habría música que sonara bien, no habría discurso que tuviese sentido.
Es el día del gran desierto, de la gran esperanza porque la última palabra de la Palabra aún no está dicha. El grito de la muerte, el silencio del sepulcro se convertirán en risas y cantos, la muerte derrotada, se confesará servidora de la vida, del amor.
¿Por qué no te escapas hoy de tu rutina, te pierdes por el campo y te adentras por unas horas en el silencio de tu corazón? Quédate junto a la tumba fría de Cristo muerto e imagínate que Cristo desciende a la tumba de tus miserias y pecados, a las profundidades de tu yo que no te gustan e inquieta, a la fealdad que habita en ti. Quédate ahí callado y presiente el estallido de vida que se acerca.

¡Paz y Bien!

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