Fiesta de San Antonio en Ávila

Una vez más, el barrio de San Antonio, en la ciudad de Ávila, se viste de fiesta para honrar a su Patrón. Son días de devoción y de alegría: la Novena, las verbenas, las actividades de la Cofradía, los puestos de dulces y churros en la plaza… Es, en definitiva, el cariño de los abulenses hacía San Antonio de Padua, el Santo de todo el mundo, y que se ha demostrado en la numerosa afluencia de devotos durante todo el novenario y, especialmente, en el día de la fiesta.

La predicación de la Novena, por segundo año, corrió a cargo de nuestro hermano Fr. Victorino Terradillos que, como era de esperar, no defraudó. En esta ocasión, al hilo de la Gaudete et exúltate, (Exhortación Apostólica sobre la llamada a la santidad) nos dejó un deseo y recuerdo: seamos santos, en la vida cotidiana, con gestos posibles para todos: el saludo, la ayuda, la comprensión, el perdón, la atención al desvalido, la alegría y el buen humor, la misión fuera y dentro de nuestra casa, con todos.

Así, llegamos al día 13, el Día Grande, en el que, después de varios días más propios de otros meses otoñales que de junio, por fin, como un regalo del Santo, salió el sol, augurando un expendido día. Este, comenzó con un buen número de fieles reunidos en la iglesia para el rezo de Laudes y, durante toda la jornada no faltó la afluencia de devotos que, en algunos momentos, llegaron a abarrotar el templo. Fueron cinco las celebraciones que en él se tuvieron y, muestra de esta afluencia, fue el reparto de más de 4.500 panecillos del Santo entre los cientos de devotos que, así, querian llevar consigo la bendición y la intercesión del Santo, para ellos, para los enfermos, para los nietos e hijos que no pudieron venir…

Poco después de la comida que, como ya viene siendo habitual, la Fraternidad Franciscana comparte con los miembros del Consejo Parroquial y otros colaboradores, llegó el momento tan esperado por muchos. Eran las 16.45h y, al repique de las campanas, salía la imagen del Santo en dirección al parque que lleva su nombre. Allí, en el paseo central, se celebro la Eucaristía presidida por nuestro predicador. En ella no faltaron, como es tradicional, los niños vestidos de comunión, los representantes de las diversas cofradías de la ciudad con sus estandartes, los niños de la Juventud Antoniana… y, por supuesto, nuestro coro parroquial que amenizó la celebración.

Al concluir, al son de la dulzaina, comenzó la procesión del Santo por las calles del barrio que, engalanadas para la ocasión, una vez más, acogieron a su Patrón entre numerosas muestras de cariño y devoción. Después, ya en la plaza, llego el tiempo de la subasta de regalos y la diversión mientras, los devotos, seguían acercándose hasta la iglesia.

Fue cayendo la tarde y poco a poco, la plaza de San Antonio fue recobrando la calma. Cerca de las once de la noche, cuando los últimos devotos abandonaron el templo, se cerraron las puertas de la iglesia, quedando en su interior el silencio y la luz de las lamparillas encendidas, el recuerdo de tantas peticiones y gracias recibidas.

Antonio, Santo al que todo el mundo ama, gloria y ejemplo de los frailes menores, acoge a quienes te honran con la ofrenda de su devoción y ruega por nosotros.

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