Conociendo a: Hermano Luis Fernando Loro

El pasado 10 de mayo, la revista digital "NUESTRA IGLESIA" de la Diócesis de Cartagena, publicó a dos páginas y dentro de la sección "VIDA RELIGIOSA" el testimonio de nuestro hermano Luis Fernando Loro (Luisfer). En la actualidad, vive en la comunidad de Santa María del Monte (Murcia) donde realiza los estudios de teología en el ITM

Mi nombre es Luis Fernando tengo 28 años de los cuales, por la gracia de Dios, llevo 6 viviendo en la Orden de los Hermanos Menores (Franciscanos). Soy de Carrión de Calatrava un pueblo de Ciudad Real, hijo de agricultores, a los que estoy profundamente agradecido en mi vida. Son ellos, sin saberlo, quienes fueron cultivando, mimando la semilla vocacional que Dios había puesto en el seno familiar. Mis padres fueron educándome y formándome en los valores de pobreza, humildad, responsabilidad, sencillez, servicio, minoridad, que se convertirán en pilares fundamentales en mi vida como hermano menor.

Con tan solo 16 años comienzo a trabajar en una carpintería, esto hizo que desde muy jovencito tuviera todo lo que un joven deseaba tener; trabajo fijo, una economía propia, amigos, coche, etc. En estos años de trabajo, como a todo joven, me gustaba salir de fiesta, divertirme sin tener que dar muchas explicaciones, ya que por mi situación laboral podía hacerlo si tener que pedir casi nada.

En estos años ocurren en mi vida dos acontecimientos que hacen que me pregunte por el sentido de mi vida. Curiosamente después de profundizar en la persona de Francisco de Asís me doy cuenta que a él también le ocurrió en su proceso de conversión y él lo describe así en su testamento: "Como estaba en pecados el Señor mismo me condujo entre los leprosos y aquello que me parecía extremadamente amargo se me convirtió en dulzura del cuerpo y del alma y practiqué con ellos la misericordia". El Señor a mí también me condujo entre los enfermos y excluidos; entre los menores de nuestra sociedad y este encuentro hizo que contemplara el rostro del Cristo pobre y crucificado en cada mirada de estas personas que Dios puso en mi camino. En este tiempo también viví una experiencia muy dolorosa, pero que me hizo plantearme mi vida seriamente, y es que tuve que vivir la muerte de un amigo por accidente de tráfico con tan solo 21 años, justo al mes de haberle dado el alta de su enfermedad (Leucemia), ya que desde los 17 años llevaba luchando por la vida.

Estos acontecimientos me hicieron pararme, preguntarme, reflexionar y sobre todo valorar LA VIDA. Dios nos la ha regalado por puro amor y no podemos gastarla sin sentido porque es lo más sagrado que Él nos ha dado.

Poco a poco iba siendo consciente del gran don que el Señor me había dado y mi vida se iba trasformando; el deseo de que llegara el fin de semana, las vacaciones o el tiempo libre en el trabajo para salir de fiesta, se fue trasformando en encuentros con Dios a través de los más pobres. Sirviendo a los demás experimenté en mi corazón la verdadera Felicidad, lo que verdaderamente llenaba mi vida.

En medio de todo este lío de sentimientos aparece en mi vida la persona de un gran Teólogo y doctor de la Iglesia y de la Orden franciscana, San Antonio de Padua.

Al profundizar en la figura de este gran Santo, aparecen San Francisco y los franciscanos presentándome una forma de vida diferente, innovadora, sorprendente, nueva; esa que yo deseaba vivir con todo mi corazón durante el resto de mi vida.

Dios me iba trasformando el corazón; se iba haciendo presente de una forma especial en mi vida ordinaria. Hasta el punto de dar un giro de 180o en mi vida y es que aquello que me hacía tan feliz y a lo que dedicaba mi tiempo libre se convirtió en mi forma de vida, entregándome por completo, con la consagración religiosa en la Orden de los Hermanos Menores (Franciscanos). Dejando atrás una vida acomodada, para lanzarme a la aventura de vivir en obediencia, sin nada propio y en castidad sirviendo a Dios, a la Iglesia y a los menores de nuestra sociedad por Aquel que por nosotros murió.

Ha sido un regalo grandísimo el que Dios se ha dignado hacerme llamándome a la vida consagrada dentro de la Orden de los Hermanos Menores. Nunca me había sentido amado así, ni había yo amado así, pues el amor que Dios nos tiene fructifica en una vocación concreta y este amor es recíproco y se abre hacia Dios y hacia al prójimo.

Al compartir estas palabras pienso en tantos jóvenes a los que Dios llama a un proyecto concreto, a una forma de vida apasionante. No tengáis miedo y dejaos llevar por el amor de Dios que envuelve nuestra vida. Al responder con generosidad Él te promete la mayor Felicidad al cumplir su voluntad, Dios tiene un proyecto de Amor para ti ¿Te atreves?

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