¡Hemos encontrado el Mesías!

Juan (1,35-42)Evangelio según san Juan (1,35-42)

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor

Su voz, al principio, nos llega a través de otro. Suele ser así. Otro, que antes ha llegado a conocerlo y se ha sentido enganchados por Él; tan enganchado, que lo va contagiando. Es así como la Fe va pasando de boca a boca, de vida a vida. ¡Benditos los testigos de tantos hombres y mujeres que han hecho posible que la Fe llegue viva hasta nosotros, hasta nuestro dias!!
Pero no es bueno quedarse ahí, con una Fe como venida de fuera. Uno tiene que responder desde dentro, ponerse en movimiento, salir al encuentro de esa voz que nos llama:”los dos discípulos creyeron sus palabras y siguieron a Jesús” Porque hay un límite, una linea divisoria que Él jamás atravesará sin ser invitado. Mientras no se nos ponga el corazón en marcha, Él seguirá ahí y nosotros aquí. Por eso hemos de interesarnos, salir en su busca hasta descubrirlo con nuestros propios ojos:’ver’. Y, luego, conocerlo. Sin roce, sin dar tiempo al tiempo para que su voz se nos haga familiar, sin horas echados a sus pies bebiendo su Palabra, ¿cómo va a írsenos entrando por el alma? ¿Cómo vamos a llegar a descubrir el tesoro que nos trae?
“Fueron, vieron .... y se quedaron con Él” Quedarse con Él es tomarlo, en adelante, como único Maestro. Es dejar atrás la duda, ese ir dando tumbos sin sentido por el pecado y por la muerte, y entrar en la Buena Noticia que nos salva. Ha bastado, por nuestra parte, el gesto de abrir la puerta, y Él se nos ha entrado en el corazón: se nos ha manifestado. A partir de este momento, ya no seremos nosotros: será Él quien viva en nosotros. Y todo lo empezaremos a ver con otros ojos: los suyos. Todo tiene ya un sentido nuevo, desde la risa hasta la cruz. Ya vale la pena vivir. Y morir.
Y entonces, acontece lo inevitable. Aunque quisiéramos, no podemos guardar para nosotros la noticia que nos ha hecho tan felices. No se puede ocultar por mucho tiempo la alegría. Lo delata los ojos, luego el semblante, de ahí pasa a los labios y a la vida. Porque es imposible guardar para si una alegría que nos está haciendo brincar el corazón. Y salimos por ahí comunicando a otros que, por fin, hemos encontrado a alguien que da sentido a nuestra vida: “¡Hemos encontrado al Mesías!.
Y la cadena sigue, y sigue. Hasta nosotros. Hasta ti.
¡Feliz Domingo!

¡Paz y Bien!

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Por Fray Manuel Díaz Buiza

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