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  • Cada día con Francisco de Asís

Enero 24

El Santo repetía, a veces, los avisos siguientes: «En la medida en que los hermanos se alejan de la pobreza, se alejará también de ellos el mundo; buscarán y no hallarán. Pero, si permanecieren abrazados a mi señora la pobreza, el mundo los nutrirá, porque han sido dados al mundo para salvarlo». Y éste: «Hay un contrato entre el mundo y los hermanos: éstos deben al mundo el buen ejemplo; el mundo debe a los hermanos la provisión necesaria. Si los hermanos, faltando a la palabra, niegan el buen ejemplo, el mundo, en justa correspondencia, niega el sostenimiento».
Preocupado con la pobreza el hombre de Dios, temía que llegaran a ser un gran número, porque el ser muchos presenta, si no una realidad, sí una apariencia de riqueza. Por esto decía: «Si fuera posible, o, más bien, ¡ojalá pudiera ser que el mundo al ver hermanos menores en rarísimas ocasiones, se admire de que sean tan pocos!». Atado de todos modos con vínculo indisoluble a la dama Pobreza, vive en expectación del dote que le va a legar ella no al presente, sino en el futuro. Solía cantar con más encendido fervor y júbilo más desbordante los salmos que hablan de la pobreza, como éste: No ha de ser por siempre fallida la esperanza del pobre; y este otro: Lo verán los pobres, y se alegrarán.

(2C 70)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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