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  • Cada día con Francisco de Asís

Octubre 27

En otra ocasión, después de haber regresado de su viaje a ultramar, llegó a Celano a predicar; y allí un devoto caballero le invitó insistentemente a quedarse a comer con él. Pero, antes de ponerse a comer, el devoto varón –siguiendo su costumbre- se detuvo un poco con los ojos al cielo, dirigiendo a Dios súplicas y alabanzas. Al concluir la oración llamó aparte en confianza al bondadoso señor que lo había hospedado y le habló así: “Mira, hermano huésped; vencido por tus súplicas, he entrado para comer. Ahora, pues, escucha y sigue con presteza mis consejos, porque no es aquí, sino en otro lugar donde vas a comer hoy . Confiesa enseguida tus pecados con espíritu de sincero arrepentimiento y que en tu conciencia no quede nada que haya de manifestarse en una buena confesión. Hoy mismo te recompensará el Señor la obra de haber acogido a sus pobres”.
Aquel señor puso inmediatamente en práctica los consejos del Santo: hizo con el compañero de éste una sincera confesión de todos sus pecados, puso en orden todas sus cosas y se preparó a recibir la muerte. Finalmente , se sentaron todos a la mesa. Apenas habían comenzado los otros a comer, cuando el dueño de la casa, con una muerte repentina, exhaló su espíritu, según le había anunciado el varón de Dios.

(LM 11,4)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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