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  • Cada día con Francisco de Asís

Marzo 25

Uno de los días en que predicaba vino al lugar un pobrecillo que estaba además enfermo. Compadecido de la doble calamidad, es decir, de la pobreza y de la enfermedad, el Santo se puso a hablar con el compañero sobre la pobreza. Y, cuando la compasión con el paciente pasó a ser ya afecto de su corazón, le dijo el compañero al Santo: «Hermano, es verdad que es un pobre, pero no hay tal vez en toda la provincia otro más rico que él en deseo». Al momento, el Santo lo reprende con aspereza; y, cuando el compañero confesó la culpa cometida, le dijo: «Anda listo y quítate en seguida la túnica y, postrado a los pies del pobre, reconócete culpable. Y no sólo le pedirás perdón, sino también que ore por ti». El compañero obedeció; se fue a dar satisfacción y volvió. El Santo le dijo: «Hermano, cuando ves a un pobre, ves un espejo del Señor y de su madre pobre. Y mira igualmente en los enfermos las enfermedades que tomó él sobre sí por nosotros».
En suma: que Francisco llevaba siempre consigo el hacecillo de mirra ; que estaba siempre contemplando el rostro de su Cristo; que estaba siempre acariciando al varón de dolores y conocedor de todo quebranto.

(2C 85)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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