Septiembre 26
Dentro de la semana en que murió el bienaventurado Francisco, la señora Clara temerosa de morir antes que él, pues los dos estaban gravemente enfermos, lloraba amargamente y no lograba consolarse, porque creía que no iba a ver más al bienaventurado Francisco, que era su único padre después de Dios, su confortados y maestro y el primero que la fundamentó en la gracia de Dios.
(EP108)
Valiéndose de un hermano, se lo comunicó al bienaventurado Francisco. Al escucharlo el Santo, se compadeció de ella por el amor singular y el afecto paterno que le profesaba. Pero considerando que no podía suceder lo que ella pretendía, le dio por escrito su bendición y le perdonó todo defecto que pudiera haber cometido contra los mandamientos y consejos del Hijo de Dios. Y para que se sobrepusiera a toda tristeza, iluminado por el Espíritu Santo, le habló así al hermano que ella le había mandado: “Ve y di a la señora Clara que abandone toda tristeza y dolor porque no pueda verme ahora; pero que sepa de cierto que, antes de morir ella, me verán ella y sus hermanas, y tendrán esto en gran consuelo”.














