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Domingo XXVI


27 septiembre 2026

¡Hola Jesús!

En este domingo, ya a final de septiembre, sigues amonestando a “los sumos sacerdotes y a los ancianos” para que se conviertan. Tarea casi imposible por su posición privilegiada ante el pueblo: son los dirigentes religiosos y “la sabiduría de Dios” en estos ancianos… ¿Cómo decir: “somos los que tenemos la Verdad de Dios” y reconocer: “nos hemos equivocado y queremos convertirnos”?... Algo o mucho de esto nos ocurre en la vida de la Iglesia Universal.

Sí que hubo alguno que hizo este camino de conversión, por la Palabra de Jesús, en la que vieron que era Dios mismo el que los amonestaba. ¡Pero son los menos!…

Así Jesús no desiste en hablarles y ahora lo hace con una parábola:

Un padre cualquiera con dos hijos. A ambos les manda a trabajar a su viña. El primero, es perezoso y egoísta y le responde al padre: “¡no quiero!”… Pero después recapacitó, se le movieron las entrañas de hijo en amor a su padre, y acabó yendo a trabajar a la viña…; también a veces dentro de la vida cristiana estamos muchos que decimos “¡no quiero!”…, al final nos ponemos “manos a la obra evangélica”

Al segundo le dijo lo mismo el padre. Éste, tenía la imagen de fiel y cumplidor, y asintió con amabilidad a su demanda. Pero al fin, no fue: por negligencia o por los mismos defectos del primer hijo: la pereza y el egoísmo, el “bueno en apariencia”; “el que no rompe un plato...”

Pero el fin de su acción no fue ceder a la voluntad del Padre, sino “la inercia y la no respuesta”…; demasiada inercia, y falta de respuestas, o falta de vida o desconocimiento de vida cristiana…

El primero, fue el hijo obediente, y el segundo, no. Y Jesús, parangona estas actitudes con la dureza de corazón de los sumos sacerdotes y la docilidad de los publicanos y prostitutas ante la figura de Juan el Bautista. Este pedía un cambio de corazón, la conversión de la vida, para abrir las puertas al Mesías que estaba ya en medio de su pueblo. Todos estos le escuchaban con agrado: publicanos y prostitutas.

Y muchos de los pecadores le preguntaron: “¿Qué debemos de hacer?”. Prueba de que su corazón se había ablandado y deseaban cambiar de vida… ¿Tú ante esta parábola, a qué hijo te pareces…?

Los pecadores públicos no tienen que simular nada, pues su vida está patente ante todos. Pero asimismo, el giro de su vida ante la predicación de Juan Bautista, es ensalzado por Jesús y dice que estos van delante de los sumos sacerdotes y ancianos en el Reino de los Cielos, porque su fe y obras últimas los acompañan… ¿Cuáles son tu obras cristianas…?

Pero los dirigentes del pueblo no creyeron el mensaje de Juan y por tanto, tampoco tuvieron “obras de justicia” como Juan Bautista y ahora Jesús esperaba…, ahora Jesús te está esperando, que dices, qué haces…

¡Qué patente está aquí, ante nosotros, la dureza de corazón y la conversión!… Ambos caminos se nos ofrecen en nuestra vida y Dios no nos fuerza la voluntad, sólo nos invita a seguir el bien para hacer su voluntad y agradarle, porque su deseo es que todos los hombres se salven y lleguen a ser felices con Él, en el Cielo…

¡Pero esto requiere que “amemos a Dios sobre todas las cosas y sobre mí mismo”, que le prefiramos a Él, que deseemos su intimidad en el Amor que nos ha regalado en su Hijo Jesús, porque nosotros, en verdad, somos unas pobres criaturas necesitadas de todo, pero muy amadas de Jesús!…


Bitácoras


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