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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Una Gracia recibida


20 Agosto 2014

 San Mateo 20,1-16a. 

Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. 

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. 

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, 

les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. 

 Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 

Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. 

Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. 

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. 

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. 

Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. 

Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, 

diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. 

El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? 

Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. 

¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'. 

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos". 

La parábola de los trabajadores de la viña es chocante, porque plantea una ruptura con la realidad y con la razón. Provoca e interpela, pues Jesús nos quiere llevar de los bordes de la razón a los del corazón, de los bordes de la fe religiosa a la fe evangélica. Y es que el meollo de la parábola es desorientador, provocador, poco razonable. El Dios de Jesucristo no obra como debiera obrar, Dios no es dios, no se comporta como debería comportarse un dios. 

Dios debería ser garante de la justicia y, sin embargo, acoge a los pecadores. Abre su Iglesia a todos, tanto a los hijos de Israel como al resto del mundo. Ofrece su misma gracia y manifiesta el mismo amor a los recién convertidos que a los que se han desvivido heroicamente durante toda su vida. Debería ser garante de la moral y dar a cada uno según sus obras y no malgastar su gracia.  Pero Dios no es así.

El Dios de los cristianos desconcierta, asombra, a todos da por igual su gracia, al que esta trabajando desde la primera hora de la mañana como al que ha empezado a la hora undécima:¿no puedo hacer lo que quiera con lo que es mío? No se trata de las palabras de un propietario caprichoso, sino de la voz que sale del corazón. El amor es una apuesta sobre las posibilidades del otro y no un cálculo equitativo ni un registro de derechos y méritos. 

Deberíamos vivir en estado de asombro permanente, pues el Dios de Jesús no ha reparado nunca en gastos y nosotros obsesionados con nuestra justicia, usando nuestro propio juego de pesas y medidas y Jesús llevándonos al único salario que proporciona la fe: el salario del corazón: EL AMOR. Y ¿vamos a tener envidia porque Dios es bueno? A ver si nos enteramos de una vez por todas, la Iglesia nunca será una institución de hombres sino UNA GRACIA RECIBIDA. 

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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