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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Somos hijos de la luz


27 noviembre 2016

Evangelio según San Mateo 24,37-44

 EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Es de noche, todavía. Lo sabemos muy bien todos los cristianos. Miramos a nuestro alrededor y vemos que sigue trufando la mentira, mientras la verdad pocas veces consigue abrirse paso. Que el mundo sigue moviéndose al compás del consumismo, de la ley del más fuerte, del egoísmo descarado, de la adulación y el enchufe, del afán de subir a costa de quien sea.... Sigue la noche interminable. ¿Será que nunca va a amanecer? Estos ojos nuestros de carne no lo pueden ver: escudriñan la oscuridad buscando un punto de esperanza y no lo encuentran.

Los cristianos en este tiempo de adviento oímos una voz insistente que nos llama. Estamos seguros de que la noche no ha de ser eterna. Por eso luchamos para que el sueño no nos venza y nos preparamos para la llegada del día pertrechandonos " con las armas de la luz ". Vemos que es preciso vivir de otra manera: " nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria... nada de riñas..."todo eso es de noche y nosotros somos hijos de la luz.

¿Cómo deberá, pues, ser nuestra vida?

Y oímos en el silencio de nuestro corazón la voz que nos dice: ¡Vestíos del Señor Jesucristo! Y nos ponemos manos a la obra. Se trata de que aprendamos a hablar, a pensar, a vivir a la manera de Jesús. La gente se ríe, claro. Y nos llama unas veces cobarde, otras tontos de remate... Pero nosotros seguimos, movidos por la fe.

Seguimos ayudando y comprendiendo, compartiendo y perdonando. Sin rendirnos al sueño, ni al cansancio, ni a la fuerza de la corriente. Sin dejar que el miedo nos paralice: miedo al ridículo, a la persecución, al pistoletazo de los enmascarados poderosos de turno...

Ha terminado un año litúrgico.

Hoy, al pasar la página, nos encontramos con un Año Nuevo, limpio aún, donde habremos de escribir, cada día, nuestro pedazo de historia. No lo olvidemos: Somos hijos de la luz " "¡Caminemos a la luz del Señor!"

¡Paz y Bien!

¡Feliz Domingo!


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