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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

La apuesta


05 septiembre 2017

Lucas (4,31-37)Evangelio según san Lucas (4,31-37)

 En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.» Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor

¡Les asombraba su enseñanza! Se levantó un hombre en nombre de Dios, y el mundo se convulsiona. Se ve literalmente "convertido", revuelto, trastocado: ¡se alejó el mundo viejo y ha nacido ya un mundo nuevo! La verdad es que lo que vemos en el evangelio no es un mundo al revés, sino el mundo al derecho. Porque el hombre no está hecho para ser poseído por otro, para estar desposeído de sí mismo, envilecido, encadenado por unas fuerzas que es incapaz de dominar. El hombre, según la voluntad eterna del Dios creador, está hecho para vivir en pie, libre, con los ojos levantados al cielo.
"¡Sal de ese hombre!" Es el grito de guerra de nuestro Dios que apuesta decididamente por el hombre. Somos hijos de la luz e hijos del día, y por lo tanto nos esforzamos en liberarnos de la fuerza de la esclavitud de nuestro tiempo para hacernos discípulos de la libertad del Evangelio. Somos hijos de la luz y del día cuando, cueste lo que cueste, intentamos ser artesanos de la paz; cuando, sin desesperar y sin caer en la ingenuidad, damos testimonio de la Esperanza y de que es posible un porvenir; cuando, a pesar de nuestras divisiones y de los separatismos del mundo, nos reunimos en torno a una misma Palabra y un mismo Pan.

¡Paz y Bien!


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