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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¿Preparados para acompañar a Jesús en su pasión, muerte y resurrección?


28 Marzo 2015

san Juan (11,45-57)

 En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.» Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.» Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

La situación es irreversible. Después de la resurrección de Lázaro las autoridades judías deciden matar a Jesús por poner en peligro el "statuo quo". Caifás sin querer, se convierte en profeta cuando "por razón de estado", por puro interés político afirma que hay que sacrificar al individuo "por" el bien común. Ciertamente, la misión de Jesús consiste en reunir a los hijos dispersos y formar con todos un único pueblo nuevo bajo el amor del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y esto acontece porque él va a dar la vida "por" los hombres. Aunque es el Sanedrín quien decide su muerte, en el aparente fracaso de Jesús condenado a muerte, el Padre Dios está llevando a cabo su designio de salvación gracias a la adhesión filial de Cristo a su obra. A lo largo de estos días tendremos ocasión de enfrentarnos al realismo de la cruz. Cristo ha venido para hacernos partícipes de la promesa maravillosa de que Dios es todo en todos. Pero poder participar de su gloria no nos exime de los conflictos y sufrimientos de la vida, ni nos ofrece una paz barata. Nos invita a adentrarnos en el meollo del conflicto que lacera el corazón del hombre y conseguir la victoria del amor a través de la locura de la cruz y el sacrificio de la obediencia. ¿Preparados para acompañar a Jesús en su pasión, muerte y resurrección?
¡Paz y Bien!


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