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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¡Renacer!


13 Abril 2015

san Juan (3,1-8)

 Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?» Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

¡Buenos días! Por mucho que el hombre penetre más en los secretos del mundo y domine los mecanismos de la vida, hay que reconocer que nuestros conocimientos y sabiduría no podrán aplacar nuestra sed ni apagar el fuego que nos quema: ¿para qué vivir, si al fin y al cabo vamos a morir? Así es, la vida se nos escapa en el momento que pensamos alcanzarla, como el agua corre entre nuestros dedos, que creían poder detenerla. Nicodemo tenía hambre de razones para vivir y acude de noche a consultar a Jesús. Y la respuesta de Jesús apunta muy alto: "lo que ha nacido de la carne es carne, hay que nacer del agua y del espíritu". El secreto de la vida está escondido en un sepulcro vacío: ¡no se puede retener cautiva a la Vida nueva! Ha nacido un nuevo orden, otra manera de vivir la vida, tenemos nuevas razones para seguir esperando. ¡Hay que nacer de lo alto! Es decir, hay que ir tejiendo la trama del mundo nuevo con los hilos de tu vida entregada y la aguja de la confianza puesta en Aquel que nos ha rescatado con su muerte y resurrección. El nuevo orden inaugurado con la resurrección se hace realidad cada vez que elevamos hacia Dios la humilde invocación de nuestra fe, tan poderosa que hace temblar todo a nuestro alrededor.... ¡Como el sepulcro en la mañana de Pascua! ¡Paz y Bien!


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