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Oración del Domingo XXXI


01 noviembre 2025

¡Hola, amigo Jesús!

¿Esperándome?

Pues ya estoy aquí, dispuesto “verte en movimiento”, a dejarme sorprender, a intentar abrir las ventanas de mi alma para que me deslumbre tu luz.

¡Cuántas vueltas le he dado esta semana a lo tuyo con Zaqueo! ¿Te acuerdas? Pues entre lo que otros me han dicho, y lo que tú Espíritu me ha sugerido por dentro, estoy asombrado de lo que se puede descubrir de ti, de mí y de los demás en un trozo del evangelio por el que he pasado tantas veces. Pero ya veo que de carrerilla.

Gracias por tus locuras, gracias por arriesgarte tanto por nosotros, gracias por amarnos exageradamente sin merecerlo. En esta semana me he puesto a imaginar lo que Zaqueo diría de ti a sus amigos, cómo contaría su experiencia de encuentro contigo, cómo encontró la alegría donde no la esperaba…

Me da cierta envidia de no tener una experiencia tan viva contigo. Por eso, quiero pedirte que a mí y a mis hermanos nos sigas saliendo al encuentro. A ver si un día sentimos que tus ojos están clavados en los nuestros, que nos llamas por nuestro nombre y que nos invitas ¡por fin! a bajarnos del árbol de nuestra rutina o de nuestros prejuicios y nos sentimos invitados a tu amistad.

Te felicito, amigo.

Juan, el Bautista, decía que “Dios puede sacar hijos de Abraham de las piedras”. Y tú, como Dios, sacaste un hijo de Abraham de aquel desecho que era Zaqueo. No era tan piedra dura; era blandito por dentro, como todos, pero lo disimulamos con nuestra facha de satisfechos...

Nos cuesta reconocer delante de los demás que somos frágiles y mendigos. Y así nos va.

¿Cuántos Zaqueos habrá a mí alrededor?

¿Cuántas personas con capacidad de lo mejor se codean conmigo y no florecen porque yo no sé o no decido quererlos más y quererlos mejor?

¡Ay, Señor, qué torpe soy, qué limitado me siento para hacer que la gente descubra que tú estás ahí y que los buscas; que ya tienen un tesoro de alegría dentro y animarlos a que te busquen y a que se busquen!

Qué difícil tengo el sembrar en ellos la sospecha de que “lo mejor está por llegar”, y llegará contigo. Quizás tenga que ser así. No lo sé. Pero me gustaría responderte en lo que quieras de mí. Sé que tu Espíritu está haciendo su trabajo. Que nos haga puentes para que la gente se encuentre contigo, para que nos encontremos todos como hijos de Dios, todos como Iglesia.

Señor, estamos muy “subidos” en lo nuestro, y desde la fe, es necesario dejarnos ver por Tí, que nos veas y que aprendamos a bajar de nuestra altivez, orgullo, soberbia, egoísmo…

Señor, mírame y ayúdame a bajar…; y quédate en mi casa…, en mi vida, entonces tendré Vida de verdad.

Gracias Señor.


Bitácoras


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